septiembre 23, 2024

El Presupuesto 2025 bajo la lupa: equilibrio fiscal o ajuste social

El presidente Javier Milei sorprendió al asistir al Congreso Nacional para presentar el proyecto de presupuesto 2025, siendo el primer mandatario en hacerlo personalmente. Este acto revela que los lineamientos principales del presupuesto provienen directamente de la máxima autoridad del Ejecutivo, en un esfuerzo por consolidar su impronta en la política económica del país. Este presupuesto es particularmente relevante por su enfoque en una supuesta regla de equilibrio fiscal que se presenta como el pilar central de la política fiscal futura.

El artículo 1 del proyecto establece que el Sector Público Nacional deberá mantener un resultado financiero equilibrado o superavitario desde 2025 en adelante. Ante cualquier desvío en los ingresos que ponga en peligro este equilibrio, el gasto deberá ajustarse proporcionalmente. Sin embargo, esta regla fiscal, aunque eficiente y clara en su formulación, adolece de problemas clave que podrían socavar su sostenibilidad en el largo plazo.

Virtudes y carencias de la regla fiscal

Entre las características que destacan, la regla es eficiente, sencilla, precisa y transparente, lo que facilita su comprensión y aplicación en el corto plazo. Además, busca institucionalizarse al incluirse tanto en la Ley de Presupuesto 2025 como en la Ley de Administración Financiera, otorgándole un marco legal más sólido. Sin embargo, hay falencias significativas. La regla no es robusta, ya que su cumplimiento depende de un contexto macroeconómico favorable, particularmente en términos de nivel de actividad y recaudación. Esto significa que, en caso de una caída en los ingresos, el ajuste del gasto discrecional tiene límites, lo que podría poner en riesgo la estabilidad fiscal.

Otro problema es la falta de institucionalidad plena. No se especifica claramente quién será el responsable de hacer cumplir la regla ni cuáles serán las sanciones por incumplimiento. Esta indefinición otorga una gran discrecionalidad al Poder Ejecutivo, lo que podría facilitar ajustes oportunistas según las necesidades políticas del momento. En resumen, el cumplimiento de esta regla fiscal dependerá más de la voluntad política que de un marco jurídico sólido.

El peso de la deuda y el ajuste social

Una de las principales consecuencias del proyecto de presupuesto 2025 es que los intereses de la deuda se convierten en el factor dominante del gasto público, dictando la necesidad de un superávit primario. Esto significa que el gasto primario, dividido en gasto fijo (jubilaciones, AUH, etc.) y gasto discrecional (subsidios, salarios, obra pública), quedará limitado por la carga del servicio de la deuda. Si los recursos son sobreestimados, el ajuste recaerá sobre áreas sensibles como la defensa, la seguridad, la educación universitaria y las transferencias a provincias.

 Además, si la inflación o la devaluación aumentan más de lo proyectado, el pago de intereses crecerá, exigiendo nuevos ajustes en el gasto primario. La alternativa a este ajuste sería incrementar la fiscalización y ampliar la base impositiva, lo que podría implicar nuevas cargas impositivas para los ciudadanos. En este escenario, el equilibrio fiscal no se "toca", pero los ciudadanos sí, quienes podrían recibir menos bienes y servicios públicos a cambio de los mismos o mayores impuestos.

Inconsistencias macroeconómicas y sobreestimaciones de ingresos

El presupuesto plurianual 2025-2027 asume una baja irrealista en la inflación y un tipo de cambio estable, algo difícil de sostener dada la expansión monetaria reciente. Esta expansión monetaria, combinada con la continuidad del CEPO cambiario, alimenta presiones inflacionarias y devaluatorias que pondrán en jaque las proyecciones del gobierno. Además, las proyecciones de crecimiento del PBI, que se espera que alcance un +5,2% anual en los próximos tres años, parecen excesivamente optimistas. Si estos supuestos no se cumplen, los ingresos fiscales serán menores de lo esperado, obligando a un ajuste aún mayor del gasto.

De hecho, el presupuesto proyecta un incremento de los ingresos corrientes del +34,5%, basado principalmente en los derechos de exportación e importación. Sin embargo, este crecimiento no parece consistente con las proyecciones de exportaciones e importaciones, ni con los precios internacionales de los commodities argentinos. La eliminación del impuesto PAIS también plantea desafíos para el dólar tarjeta y las reservas del Banco Central, poniendo más presión sobre la política cambiaria del gobierno.

Conclusión

El presupuesto 2025 de Javier Milei enfrenta serias dificultades para cumplir con su objetivo de equilibrio fiscal sin provocar un ajuste social significativo. La falta de robustez y de institucionalidad de la regla fiscal, sumada a proyecciones macroeconómicas optimistas y poco realistas, aumenta el riesgo de que el ajuste recaiga sobre los sectores más vulnerables de la sociedad. En última instancia, este presupuesto parece priorizar el pago de intereses de deuda sobre las necesidades básicas de los ciudadanos, lo que podría generar tensiones sociales y políticas a medida que el país avanza hacia 2025.

septiembre 16, 2024

Un presupuesto destinado a un ajuste perpetuo

Introducción

El reciente show de la presentación del presupuesto por parte del Gobierno de Javier Milei ha dejado en claro que la estrategia económica de la administración tiene como pilar central el manejo de la deuda y sus intereses. Esta política, presentada de manera teatral, revela no solo un intento de ordenar las cuentas públicas, sino también el temor del gobierno a un posible default. En este contexto, las proyecciones económicas del Ejecutivo se ven condicionadas por una serie de factores clave que amenazan con sumergir a Argentina en una crisis prolongada si no se toman las decisiones adecuadas.

La Dominancia de los Intereses de la Deuda en el Presupuesto 2025

Uno de los aspectos centrales de este presupuesto es que los intereses de la deuda pasarán a determinar todo el gasto primario para 2025. A mayor nivel de intereses, mayor será la necesidad de alcanzar un superávit primario, lo que obliga a reducir el gasto en áreas clave como salud, educación, justicia, seguridad, y administración del Estado. Esto implica que los intereses de deuda se convierten en el gasto dominante. Cualquier fluctuación en la inflación o el dólar aumentaría los intereses indexados por CER o dólar link, lo que, en un contexto de ingresos limitados, forzaría una nueva ronda de ajustes sobre los otros gastos.

Un Presupuesto con Miras en el Default

La obsesión por asegurar el pago de intereses sugiere un claro temor a caer en default, algo que Milei busca evitar a toda costa. De hecho, el gobierno ha optado por esta estrategia de asegurar los intereses para intentar demostrar solvencia en el manejo de la deuda, con la esperanza de atraer inversión externa o lograr una renegociación más favorable de la deuda. Sin embargo, la situación recuerda a la política que aplicó Domingo Cavallo en 2001, cuando ajustó el gasto público de manera similar, reduciendo las jubilaciones un 13%, lo que solo aceleró el colapso económico y el eventual default del país.

El Impacto del Ajuste en el Largo Plazo

El presupuesto de Milei es un intento por consolidar la solvencia de la deuda, pero tiene implicancias profundas para la actividad económica en el mediano y largo plazo. Si se ejecuta tal como está previsto, con recortes constantes en el gasto primario para cumplir con los intereses de la deuda, esto llevará inevitablemente a un nivel de actividad económica muy bajo en los años 2025 y 2026, lo que probablemente derivará en una "U" inflacionaria: una trayectoria descendente, seguida de una fase de estancamiento, y finalmente una nueva fase de aceleración inflacionaria. Esta política de ajuste permanente no solo puede sumir al país en la recesión, sino que compromete seriamente las perspectivas de crecimiento.

Una Política Dinámicamente Inconsistente y el Peligro del Péndulo

La gran paradoja de este enfoque es que, si bien el objetivo es asegurar solvencia y evitar un default, la consistencia de estas políticas en el largo plazo es altamente cuestionable. Es una estrategia que, sin ajustes significativos, podría volverse insostenible y terminar en fracaso. Además, genera el riesgo de un péndulo político, en el que una administración conservadora y ajustadora es reemplazada por una más populista y expansiva, tal como ha ocurrido en anteriores ciclos políticos en Argentina. Milei, que ha basado buena parte de su plataforma en promesas de eficiencia y dinamismo, corre el riesgo de perder rápidamente el apoyo político si el ajuste se prolonga más de lo esperado.

Consecuencias para el Sector Privado

Una de las mayores preocupaciones a mediano plazo es el impacto que esta política tendrá en el sector privado. A corto plazo, estas medidas fiscales y de ajuste significarán una mayor presión tributaria y más fiscalización para las empresas. Esto puede ahogar la inversión interna y hacer que el sector privado, en lugar de ser un motor de crecimiento, se vea atrapado en la dinámica de austeridad impuesta por el gobierno, limitando la capacidad de expansión económica.

Conclusión

La presentación del presupuesto por parte de Javier Milei refleja la tensión entre la necesidad de garantizar la solvencia de la deuda y el peligro de someter al país a un ajuste perpetuo. Si bien la estrategia del gobierno busca evitar el default, las similitudes con las políticas implementadas por Cavallo en 2001 son evidentes, y el riesgo de terminar en un escenario de recesión, bajo nivel de actividad y pérdida de apoyo político es considerable. Argentina podría enfrentarse a un ciclo de ajustes continuos que, lejos de resolver los problemas estructurales, podría profundizar la inestabilidad macroeconómica.

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