noviembre 02, 2026

Argentina 2027: el agotamiento de la grieta y la necesidad de una nueva esperanza

Tengo la sensación de que una parte cada vez más importante de la sociedad argentina está llegando a un punto de hartazgo. Y no me refiero solamente a la situación económica. Me refiero al cansancio de vivir enfrentados, de soportar malos modales, agresiones, insultos y promesas que, con el paso del tiempo, terminan convirtiendo la esperanza en desazón.

Los argentinos estamos cansados de la grieta. Cansados de que nos dividan entre kirchneristas y antikirchneristas, entre “cucas” y “libertarios”, entre buenos y malos, como si pensar diferente nos convirtiera automáticamente en enemigos.

La Argentina necesita recuperar algo mucho más importante que una discusión política: necesita recuperar la convivencia.

Desde mi perspectiva, el ciclo político del kirchnerismo está agotado. Y tengo la impresión de que el mileísmo también comienza a mostrar señales de agotamiento. Son experiencias muy diferentes, naturalmente, pero ambas han quedado atrapadas, cada una a su manera, en una dinámica de confrontación permanente.

El kirchnerismo tuvo oportunidades para resolver problemas estructurales que terminaron profundizándose. El mileísmo llegó prometiendo romper con ese pasado, estabilizar la economía y devolverle esperanza a millones de argentinos.

Pero estabilizar no es lo mismo que desarrollar.

Bajar la inflación es indispensable. Mantener el equilibrio fiscal también. Son condiciones necesarias para construir una economía saludable, y sería un error abandonar esos objetivos cada vez que cambia un gobierno.

Sin embargo, el equilibrio fiscal no puede convertirse en un fin en sí mismo ni alcanzarse a cualquier costo. Tiene que ser una política de Estado sostenible, acompañada por inversión, productividad, crédito, empleo y crecimiento económico.

Porque una economía puede mostrar mejores indicadores fiscales y monetarios mientras una parte considerable de la sociedad continúa padeciendo dificultades para llegar a fin de mes.

Y ahí aparece lo que vengo señalando desde hace tiempo: la Argentina del 30-70.

Una Argentina en la que determinados sectores, especialmente aquellos vinculados a actividades competitivas, exportadoras o de elevada productividad, encuentran oportunidades, mientras una mayoría percibe estancamiento, pérdida de poder adquisitivo e incertidumbre.

No se trata de una división estadística exacta, sino de una manera de describir una realidad económica profundamente desigual.

No podemos conformarnos con una Argentina donde a tres de cada diez les va bien y los otros siete apenas sobreviven.

El verdadero éxito de un programa económico no debería medirse exclusivamente por cuánto baja la inflación, cuánto se reduce el gasto público o cómo reaccionan los mercados financieros. También debería medirse por la capacidad de generar empleo privado, recuperar salarios, fortalecer a la clase media y ofrecer posibilidades de progreso.

Por eso creo que octubre de 2027 puede representar una oportunidad para iniciar una etapa política diferente.

Personalmente, considero posible que comience a consolidarse una alternativa de centroderecha, moderada, republicana y pragmática, que preserve aquello que debe preservarse —como la disciplina fiscal y la estabilidad monetaria—, pero que al mismo tiempo comprenda que ningún país puede desarrollarse indefinidamente con una economía estancada y una sociedad fragmentada.

Una alternativa que no necesite destruir todo lo anterior para construir algo nuevo.

Que entienda que las políticas de Estado deben sobrevivir a los presidentes.

Que comprenda que gobernar no consiste en humillar al adversario, sino en encontrar soluciones.

Y que tenga la madurez de reconocer los aciertos ajenos y corregir los errores propios.

Por supuesto, todavía falta mucho para octubre de 2027. Ni siquiera conocemos la totalidad de los candidatos y sería prematuro asegurar quién puede llegar a ocupar la Presidencia. La política argentina ha demostrado sobradamente su capacidad para sorprendernos.

Pero hay algo que, al menos desde mi percepción, comienza a quedar claro: existe una demanda de serenidad, previsibilidad y resultados concretos que merece ser escuchada.

No alcanza con prometer que esta vez será diferente. Los argentinos ya escuchamos demasiadas veces esa frase.

Necesitamos instituciones sólidas, reglas claras, responsabilidad fiscal, crecimiento económico y una dirigencia que abandone la necesidad permanente de encontrar enemigos.

Y, fundamentalmente, necesitamos que la esperanza vuelva a transformarse en bienestar y no, una vez más, en frustración.

Mi deseo para octubre de 2027 no es simplemente que cambie un presidente o un partido político. Es que la Argentina empiece a cambiar su manera de hacer política.

Porque después de tantos años de enfrentamientos, promesas incumplidas y oportunidades desperdiciadas, quizás haya llegado el momento de entender algo elemental:

No necesitamos otra grieta. Necesitamos un país.

octubre 29, 2026

El Banco Central ve una recuperación. ¿La economía real también?

El Banco Central presentó su Informe de Política Monetaria correspondiente al tercer trimestre de 2026. El diagnóstico oficial transmite optimismo: continuidad de la desinflación, recuperación de la actividad económica durante el último trimestre y perspectivas de mayor estabilidad monetaria.

Hasta ahí, las buenas noticias.

Pero hay una diferencia sustancial entre estabilizar variables nominales y construir una economía que genere crecimiento sostenido, inversión productiva y empleo de calidad.

El BCRA reconoce que la actividad económica retrocedió durante el tercer trimestre, aunque espera una recuperación significativa hacia fin de año. También advierte sobre presiones inflacionarias vinculadas con los precios de la carne, las tarifas y los combustibles.

Es decir, el propio organismo admite que la recuperación todavía no está consolidada.

La estabilidad es necesaria, pero no suficiente

Nadie puede discutir seriamente la importancia del orden fiscal y monetario. Argentina sufrió durante décadas las consecuencias de financiar desequilibrios mediante emisión y endeudamiento.

Pero tampoco podemos aceptar que el equilibrio fiscal constituya, por sí solo, un programa integral de desarrollo económico.

Una economía puede mostrar superávit fiscal mientras buena parte de su estructura productiva permanece estancada.

Puede reducir la inflación mientras los ingresos familiares siguen deteriorados.

Y puede exhibir estabilidad cambiaria mientras numerosas empresas pierden competitividad frente al exterior.

El verdadero desafío no es solamente estabilizar los precios. Es conseguir que esa estabilidad permita producir, invertir y trabajar.

El problema del crédito y las tasas de interés

El Banco Central sostiene que su política monetaria buscará acompañar la recuperación de la demanda de dinero y facilitar la acumulación de reservas internacionales.

Es un objetivo razonable.

Sin embargo, el interrogante fundamental continúa siendo cómo transformar la estabilidad financiera en financiamiento genuino para la economía productiva.

Sin tasas reales compatibles con la rentabilidad de las empresas, difícilmente exista una expansión sostenida del crédito.

Y sin crédito, las pequeñas y medianas empresas encuentran enormes dificultades para financiar capital de trabajo, ampliar instalaciones o incorporar trabajadores.

El tipo de cambio y la competitividad

Otra discusión pendiente es la competitividad cambiaria.

La reducción de la inflación no elimina automáticamente los problemas derivados de una estructura de costos elevada en dólares.

Argentina necesita exportar más, diversificar su producción y competir internacionalmente.

Eso requiere productividad, infraestructura, menor presión tributaria y un tipo de cambio que no se transforme en un obstáculo adicional para numerosos sectores.

No se trata de defender devaluaciones permanentes. Se trata de comprender que la competitividad no puede sostenerse indefinidamente sobre el ajuste de los márgenes empresariales o del poder adquisitivo de los trabajadores.

Las reservas: una condición indispensable

El BCRA considera que existen condiciones para abastecer la demanda de dinero mediante compras de divisas, favoreciendo la acumulación de reservas.

Este punto merece especial atención.

Una economía como la argentina, con antecedentes recurrentes de crisis externas, necesita fortalecer su posición de reservas para disminuir su vulnerabilidad financiera.

Pero acumular reservas debe ser parte de un programa consistente, no simplemente un objetivo declarado.

La credibilidad se construye con resultados verificables.

La clase media no puede quedar afuera

El problema central del programa económico no se resuelve exclusivamente observando la inflación mensual, el riesgo país o las cotizaciones bursátiles.

También debemos mirar el poder adquisitivo, el consumo, el empleo privado y la supervivencia de las pequeñas empresas.

Porque una recuperación concentrada en pocos sectores, especialmente aquellos de elevada intensidad de capital y limitada generación directa de empleo, puede mejorar las estadísticas agregadas sin producir una mejora equivalente en la vida cotidiana.

Y ese es uno de los riesgos que considero más importantes.

Reflexión final

El Banco Central tiene motivos para defender los avances en materia de estabilización monetaria. Negarlos sería tan equivocado como exagerarlos.

Pero la Argentina necesita superar la discusión permanente sobre la inflación y comenzar a debatir seriamente su capacidad de crecimiento.

No alcanza con ordenar las cuentas públicas si el sector privado no encuentra condiciones para expandirse.

No alcanza con estabilizar el dólar si la estructura productiva pierde competitividad.

No alcanza con proyectar una recuperación si esa recuperación no se traduce en mejores ingresos y oportunidades.

La estabilidad monetaria debe ser el punto de partida del crecimiento, nunca su sustituto.

Porque, finalmente, el éxito de un programa económico no debería medirse únicamente por los números que presenta el Banco Central, sino por la cantidad de argentinos que pueden vivir mejor gracias a esos resultados. 

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